sábado, 6 de enero de 2018

Alegría



Alegría era un barrio oscuro y triste que se había quedado encerrado entre garras de hormigón y vías de tren. Nadie paseaba por sus calles, los vecinos se arrastraban hasta el interior húmedo de los portales mohosos como cucarachas huyendo del sol y salían a escondidas, ocultando sus sombras a la luz. Los edificios, clavados en encías descarnadas, habían sido, tiempo atrás, la envidia de la alta burguesía, y ahora languidecían como triste testimonio de la decadencia de lo hermoso. A veces una cornisa esculpida se desplomaba sobre la acera y allí se quedaba durante días o semanas o hasta que la erosión la iba deshaciendo en arenas llevadas por el viento.


Nadie quería entrar en Alegría porque era el último refugio de los desheredados, los pobres, los delincuentes, las putas y los desahuciados y, una vez dentro, ya sólo se podía salir triturado por las miserables garras de la muerte. Pero una tarde las excavadoras comenzaron a roer las aceras y arrancaron la mugre de piedra del suelo. Del interior de sus nidos oscuros comenzaron a salir sombras resignadas que se dispersaron ateridas hacia la oscuridad de los márgenes del barrio en busca de otros nidos en los que desaparecer en silencio y desde donde contemplar el trabajo laborioso de las grúas que levantaron un corazón de hierro y cristal que mantuviese vivo el temor al dios financiero y cruel que los había expulsado de su seno.

jueves, 4 de enero de 2018

Isaías


Isaías había llegado a este lado del mundo atravesando el océano inmenso en un pájaro metálico. Todo comenzó después de recibir una carta de su padre en la que le hablaba de España y le decía que pronto iría a buscarlo para vivir juntos en Europa; y él se imaginó ciudades de cristal, gente hermosa, feliz en medio de la abundancia de aquel primer mundo, pero al llegar, sólo nos encontró a nosotros...

miércoles, 3 de enero de 2018

Alcorque


- Dame una palabra, abuelo, tú que siempre tienes viejas y polvorientas reliquias guardadas en el aparador.
- Alcorque.
- Suena a tierra y a agua y a acequia.
- Sí.
- Y a plantas bien cuidadas.
- Tal vez.
- Y a paseos de domingo de la mano de mi padre, y a huerta pequeña, urbana, en el centro de la plaza, y a café caliente en el otoño, cuando crecen las calabazas incendiarias y se acortan los días para que comiencen las largas noches del invierno.
- Sí, a todo eso suena. Pero también a flores de primavera y a recuerdos de mi infancia, cuando el tiempo era más calmo y transcurría sin fisuras hacia el infinito y la gente no decía las palabras que se ponen de moda aunque no las comprenda.

martes, 2 de enero de 2018

Amelia



Cada tarde Amelia vuelve a casa con las medias astilladas de cansancio y el alma exhausta, alzándose dificultosamente sobre unos tacones de feminidad engañada con los que pretende sentirse mejor.

Madrugada


Me gustan los rostros alucinados que transitan por el metro, antes del amanecer, de puntillas por la vida recién desperezada. Los cuerpos se mueven macilentos, con un regusto a sueño escaso y a pereza que no se pueden ocultar detrás de los abrigos y el maquillaje.
Algunos esconden la mirada entre las páginas de un libro, otros se duermen, mecidos por el vaivén cadencioso de las vías, pero los hay que también inundan sus cerebros con músicas estridentes que los arranque de la realidad empecinada.
Me nombro espectadora invisible de todos los viajeros anónimos que se cruzan conmigo. Observo sus zapatos reventados o minuciosamente limpios, los bolsos, contenedores de secretos inimaginables, los abrigos y bufandas y sombreros que pretenden hurtar el frío a las pieles pálidas de sueño. Y tejo historias sobre sus vidas, sus recuerdos, sus deseos, que se cruzan entre gente a la que nadie importa y de la que nadie sabe nada.

lunes, 1 de enero de 2018

Nieva en mí


A veces nieva en mí. Caen pequeños copos vaporosos en mi alma y me derrito en una catarata de emociones indescifrables. A veces, el tiempo me palpita en las sienes con la constante urgencia de un reloj, y me vacío de palabras y me lleno de amnesias para sobrevivir.

domingo, 31 de diciembre de 2017

¡Feliz 2018!



2018 va entrando con pereza en mi vida. No es que el año que se va haya sido especialmente grato para mí y, sin embargo, siento cierta resistencia al siguiente dígito, al siguiente peldaño. Me enfrento a su llegada con el gesto contraído, tal vez porque en sus brazos me alcanzará el medio siglo y eso siempre impone un poco de respeto, o quizá porque los proyectos que me "acechan" no me emocionan como antes, pero la verdad es que es la primera vez que me acerco al final de un año con cierta apatía. 

Sin embargo, y a pesar de todo, me gustaría desear a todo aquel que se asome a este blog un magnífico 2018 lleno de buenos momentos, que las horas ingratas sean escasas y fácilmente olvidables y que, en ese momento fugaz que es la felicidad, sean plenamente conscientes.

¡Feliz 2018 y sucesivos!

martes, 22 de agosto de 2017

Postales en el tiempo






Hace mucho tiempo comenzó a fascinarme el rastro que dejaron atrás los que ya no están, las personas anónimas, invisibles, que algún día hablaron, viajaron y sintieron como ahora nosotros y a las que ya nadie recuerda, pero de las que quedan jirones imperceptibles que demuestran que existieron. Siguiendo esa estela, comencé a coleccionar viejas postales enviadas desde cualquier parte del mundo, escritas en cualquier idioma, en cualquier época y, cada vez que compro una, tengo la vibrante sensación de estar rescatando una vida del olvido, de llevarme conmigo algo más que un pedazo de cartulina garabateada, quién sabe si un recuerdo único que viene a enriquecer mi cajón de memorias oxidadas, quién sabe, si algún nuevo relato de palabras prestadas.

"Postales en el tiempo"
Buchmann, 2011


martes, 25 de julio de 2017

El árbol de los sueños


"Todas las cosas sueñan en la tierra de los Anangu. La arena del desierto sueña con el mar, por eso las dunas amanecen todas las mañanas formando enormes olas".
 
Así comienza "El árbol de los sueños" de Miguel Puche, un relato sobre el viaje iniciático de un muchacho de la Australia primordial que nos invita a reflexionar sobre la relación predadora del hombre moderno con su entorno y consigo mismo.
 
Un pequeño placer irresistible que se hace aún más atractivo cuando se navegan las páginas a lomos de las hermosísimas ilustraciones de Carmen José que acompañan al texto.
 
 
 

viernes, 23 de junio de 2017

Mar de recuerdos


Pintor: Katsushika Hokusai

- Los recuerdos no tienen dueño. - Dijo Federica mirándole fijamente a los ojos - Los recuerdos son solamente olas empujadas por la brisa que ensayan en las mentes durante un tiempo antes de volver al mar.

Perteneciente a la colección "Pequeñeces"

jueves, 1 de junio de 2017

Reflejos


 
Cuadro de Richard Estes
 
Tiritó en el reflejo del cristal la figura somnolienta y movediza de Adriana. La mañana se depositó sobre el asfalto como una capa lúcida de expectativas.

Después de la tormenta el cielo había recuperado su transparencia irresistible y las hojas de los árboles, asaetadas por el sol, irisaban verdes imposibles sobre las miradas asombradas de los paseantes que parecían florecer a sus pies.
 
Perteneciente a la colección "Pequeñeces"

viernes, 3 de marzo de 2017

jueves, 23 de febrero de 2017

Lo que traen las olas de la memoria



Buscando en Internet, las olas de la memoria me han traído esto a las orillas de este jueves 23 de febrero:

http://www.dailymotion.com/video/xouexl_periodista-digital-entrevista-a-paloma-ulloa_fun

Una entrevista en "Periodista Digital" que debió grabarse en torno al 2007, casi diez años atrás...

martes, 21 de febrero de 2017

"Con todas las letras" (RVK)


Gracias a Mirari y a Jacin de "Con todas las letras" (Radio Vallekas), por su acogida y por esta preciosa entrevista salpicada de relatos y de regalos sonoros.

Para los que deseéis escucharla, aquí tenéis el enlace ("Papel, papel y tinta" comienza en el minuto 27):

http://radiovallekas.org/spip/spip.php?article4661

martes, 7 de febrero de 2017

De espaldas a la muerte



Fotografía de Víctor Ferrando

Vivimos de espaldas a la muerte, tendemos un espeso telón alrededor de la única realidad ineludible en nuestras vidas porque en ella nos reflejamos y la angustia que provoca  su certidumbre nos hace mirar hacia otro lado.

Es extraño cómo el elogio a la vida de los cementerios se nos ha ido olvidado hasta el extremo de haber sustituido nuestra fe por otros estímulos como la competitividad, el consumismo o el éxito social, tan volátiles, tan inconsistentes y a menudo tan insatisfactorios.

Parece que el ser humano huye de sí mismo con la misma intensidad con la que cualquier animal escapa por instinto de un peligro. Pero antes o después debe enfrentarse a esa limitación tan humana que es el tiempo y debe mirar cara a cara el destino que a todos doblega e iguala.

Hoy he tenido que enfrentarme una vez más a la muerte, he mirado a los ojos de los que sufrían, he escuchado esa ausencia rechinante de palabras que ensordecen los duelos, he guardado un emocionado y respetuoso silencio por los que se han ido y por los que tendremos que marcharnos algún día y me he reconciliado conmigo misma y con la finitud inevitable de mi vida.